Mi primera idea

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Todo emprendedor o persona apasionada de poder tener su propia autonomía personal en materia profesional siempre está dándole vueltas a la cabeza para poder generar posibles ideas de negocio, identificar huecos en el mercado o simplemente analizar las necesidades del entorno para obtener una ventaja competitiva sobre el resto. Esa maravillosa bombilla que se nos aparece encima de la cabeza y que puede llegar a quitarnos el sueño de la ilusión que nos puede provocar hacerla brillar en nuestro entorno.

Las ideas no surgen de forma espontánea aunque lo pueda parecer, sino que son  la acumulación de muchos estímulos externos que, junto con nuestras inquietudes y experiencias internas, provocan una reacción sobre lo que podemos llegar a hacer para conseguir uno de nuestros objetivos. Tan importante es estar receptivo a toda la información que tenemos del exterior como abonar nuestro interior con conocimiento. Nadie lo ha expresado mejor que Pablo Picasso: “Que la inspiración te llegue trabajando” o que Alexander Fleming: “A veces uno encuentra un hallazgo cuando no lo está buscando”.

¿Cómo conseguir esa primera idea? Bajo mi humilde experiencia, aquí pongo 3 o 4 pinceladas para conseguir que ese filamento de tungsteno que (como en las bombillas) todos tenemos dentro coja temperatura, dé calor y sobre todo pueda dar luz a nuestros propios anhelos. Pueden parecer perogrulladas, pero ¿cuántas veces hemos estado tan enfrascados en el día a día que no hemos podido valorar las cosas con perspectiva? A veces, detenerse y valorar todo lo que tenemos alrededor es el primer paso:

  • No dejes de leer:  No hablamos aquí solamente de libros (que también) para conocer qué es lo que piensan otras personas parecidas o distintas a nosotros, sino también estar al día de noticias de actualidad, qué es lo que hacen los sectores en los cuales tenemos interés,  leer sobre tendencias, artículos de opinión, papers de investigación, el BOE. No hay nada más gratificante que poder dedicar un rato al día a la lectura. Es barato, es formativo, es educativo y sobre todo constructivo.
  • No dejes de hablar y de escuchar: ¿Cuánta gente hay alrededor con ideas o inquietudes parecidas? Es necesario interaccionar con otras personas de nuestro entorno o abrir nuevos horizontes para conocer personas, proyectos o puntos de vista que sirvan tanto para ratificar nuestras convicciones como para cuestionar nuestros principios. Nunca sabes qué te ofrecerá una persona que se dirige a ti con una sonrisa y ganas de compartir, puede convertirse en una idea o un objetivo común.
  • Observa tu entorno: las cosas, a veces, simplemente no funcionan como deberían. Si algo no funciona o debería mejorar, es una buena oportunidad para analizar y proponer cambios para que mucha gente pueda aprovecharse de las ventajas que supondría un cambio de rumbo. Si en algún momento ves que necesitas algo (ya sabéis que la economía supone la ciencia que trata de cubrir las necesidades ya sean reales o influenciadas del ser humano), párate a pensar si existe alguna iniciativa que actualmente cubra esa necesidad y si es así, si tú puedes hacerlo mejor.
  • Participa en aquellas iniciativas de tu ámbito vital: Si todo el mundo fuera parte activa del entorno donde vive, muchas cosas cambiarían más fácilmente. Realizar actividades o compartir iniciativas con el resto de la comunidad puede ayudar a conocer los diferentes estados de desarrollo de las propuestas del resto de personas o si hay más colectivos dispuestos a cambiar lo que han detectado mejorable en el entorno.
  • Arriésgate a dar alguna vez el primer paso: Casi siempre estamos influenciados por muros invisibles o techos de cristal que nos paralizan a la hora de tener una iniciativa. ¿Nadie ha realizado esto? “Voy a intentar ser el primero en hacerlo” es siempre más proactivo que “Si nadie lo ha hecho es que no vale la pena”. Las ideas preconcebidas siempre son una losa en la generación de ideas. Que mucha gente diga que la Tierra era plana no supuso que fuera así efectivamente, tan sólo un lastre a la forma de pensar.

 

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Y recordad que siempre detrás de cada punto de luz, hay al menos un interruptor que es capaz de encender y apagar la bombilla. Tan sólo hay que saber encontrar donde está.

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