Derecho a Delia

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Derecho a Delia

delia y fiscalista ok

“Ya te advertí que no
Nos hagas ponerme a prueba
Reconozco que me van
Las que tientan a el peligro
Reconozco que me van
Las que manejan los hilos
Fuiste tú, la primera en empezar 
(…) “

Fuiste tú, Zenet

Mi bebida favorita es el café…de siempre. Mi perro se llama Starbucks en homenaje a esa pasión confesa y es vox populi que si hubiera sido chica, se hubiera llamado Saimaza en vez de la conocida cadena de cafeterías verde. Me apasiona tanto que aunque a veces le sea infiel con la cerveza o el vino a la caída de la tarde o antes de almorzar, termino volviendo religiosamente todas las mañanas a su regazo pidiendo un poco más para combatir la verdadera amargura del despertar. Esa si que es la poción mágica de los galos y no los pelotazos que inspiraron a René Goscinny para crear su obra.

Hace varios años me invitaron a un café muy especial. Fue uno de los mejores capuchinos que he probado nunca. Me lo trajeron sin que lo hubiera pedido, simplemente pasaba por allí y tuve el placer de degustarlo. Que te inviten a esa profundidad de matices y a esa dulce espuma sin esperarlo fue tan agradable que desde entonces (y ya ha pasado tiempo),  tenía ganas de devolver el convite. Mitad por necesidad personal de satisfacer deudas y por otro lado porque dichos párrafos han hecho mucho por mi actividad social nocturna ya que servían como tarjeta de presentación si alguien tenía a bien cotillear mi nombre en Google. Tras múltiples debates internos, calculo que aquel capuchino, me ha ahorrado unas 12.000 abdominales para conseguir el mismo efecto. Los feos oficiales locuaces perezosos como yo, sentimos agradecimiento ante pequeñas píldoras de cariño. Pastillas de sacarina y dosis de stevia para el alma. Canela en rama, azúcar de caña. Hoy toca  ponerse el mandil y hacer de barista con Delia Rodríguez.

Efectivamente, conocí a Delia en la EOI en un curso organizado por la ONG Helsinki España para el proyecto “Youth to Youth” en el cual nos formábamos en Derechos Humanos para poder sensibilizar a estudiantes de ESO y Bachillerato sobre la importancia de los principios fundamentales del hombre. No puedo negar que mi primer pensamiento fue: “esta tía está como una auténtica cabra”. No obstante, no acudo a la obra de Asterix y Obelix por casualidad. Este último repite en muchas ocasiones esa manida frase: “estos romanos están locos” y es innegable no acordarse de la vitalidad de Delia. Ella era la propia poción mágica, energía pura (en todos los sentidos de la palabra) compaginando el propio interés activo por el curso (debates sobre la pena de muerte, los principales dilemas ético de la sociedad y una especial sensibilidad por el problema de la inmigración que muy poca gente, salvo ella, se dieron cuenta con tantos años de antelación) con la promoción de una actividad solidaria en los campamentos saharauis esa misma primavera. Un auténtico ciclón de persona en todos los aspectos.  Da igual para quien trabajara el bueno de Panoramix, iba a ganar el bando que tuviera a Delia en sus filas. Y desde ese momento, gracias a su magnetismo personal y atracción profesional, me afilié a su ejército. “¿Vamos con los buenos o con los malos?” “A mi me da igual, yo voy con Delia”.

No pienso glosar la vida y obra profesional de Delia, porque no la define, pero si es bueno dar unas pequeñas pinceladas sobre su exitosa carrera. Licenciada en Derecho de forma brillante,  especializada en Derecho de Familia, tan apasionada de este área, que tiene uno de los más prometedores despachos profesionales de la materia de toda España: Vestalia Asociados (anoten, 100% natural, nada torrefacto). ¿Alguien se ha preguntado la importancia de la psicología, lo que esconde detrás de los rostros de los niños o la atención a familiares en los divorcios? Salvo la Sra. Lovejoy de los Simpsons  no conozco a nadie que se haya preocupado tanto por los menores como ella. También tiene amplia experiencia en adopción internacional, siendo un referente en este campo por todas las horas de barro y vuelo que atesora. Pero es más, a este ya impresionante CV colmado de inquietudes, se añade su conocimiento en el campo de la mediación (como buena abogada, sabe que es más importante un mal acuerdo que un buen juicio) la cual exporta a raudales en universidades, colegios mayores y entornos profesionales con éxito de crítica y público. Y si esto fuera poco,  su nombre corona humildemente una de las secciones del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la de iniciación profesional; a mi juicio, una de las más importantes que puede tener el ICAM, aquella que hace de faro de los jóvenes juristas tras abandonar las aulas y lanzarse a las fauces de la calle en la dura realidad profesional del mundo jurídico. ¿Lo mejor? Que dan igual las tarjetas de visita o etiquetas. La sección está coronada por una sonrisa y por la ilusión.

Pero todo lo anterior, es absolutamente secundario para conocer a Delia. Su profesión la define porque se le iluminan los ojos cuando habla de su trabajo, pero no es por su satisfacción o competencia, sino por pelear las injusticias que se acumulan a su alrededor. Una auténtica Jennifer Walters de la verdad y el respeto a la norma. ¿Como cuestionar a una fuerza de la naturaleza con férreos valores y convicciones sociales? No se puede. Esa es la semilla del resto de gestos. Delia es cercana, cariñosa, atenta, considerada, irónica hasta hacerte rabiar (y no es sencillo), amante de la naturaleza, el deporte y los pequeños placeres de la vida que son aquellos que hacen eco en la caja de resonancia de nuestros recuerdos. He visto disfrutar a Delia en compañía de propios y extraños en torno a un plato de comida casera, una copa de vino y una conversación trepidante, como ella, llenándola de matices en base a su particular visión de la vida. Lo cual es positivo, porque es una auténtica influencer en el mundo 2.0. con una legión de seguidores en redes sociales que no hacen más que difundir su visión de la sociedad, ese pequeño sol al  que debemos acercarnos para que la situación actual mejore. Y lo mejor de todo es que no se deja llevar por la turba mediática digital, para nada, tiene un ancla formidable gracias a su extraordinaria familia que le ayudan a crecer, pero sin divagar entre las nubes. Una pequeña soñadora atada de manos a muchos globos de helio de colores pero unida al mundo real por un pequeño grillete que es sensibilidad  y compromiso por el mundo que le rodea.

Podríamos mencionar esos pequeños posos que quedan en el fondo del vaso, pero no se puede tomar café sin que existan mínimos restos de una deliciosa infusión. Pequeños sirocos consecuencia de una vorágine de actividad, creatividad y actividad. Claro que pienso (todavía) que Delia está como una auténtica cabra, pero siempre mantengo que a los locos hay que cuidarlos ya que son los que cambian el mundo con su punto de vista. Y el mundo no se puede permitir obviar a esta loca ni vivir sin café. El mundo tiene Derecho a Delia.

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